No hace falta ser fan de Oasis para entender por qué este regreso importa. Tal vez esa sea una de las mayores virtudes de Don’t Look Back in Anger. El documental acompaña el regreso de Liam y Noel Gallagher, pero rápidamente deja claro que no estamos solamente frente a la historia de una banda reuniéndose.

Estamos viendo a dos hermanos intentando volver a encontrarse. Los momentos más interesantes aparecen lejos de los grandes escenarios: en los ensayos, en el backstage, en las miradas y pequeños gestos donde se percibe todo lo que hay detrás de este regreso monumental.

Definitivamente, esta es la historia de una reconciliación. Y está ocurriendo delante de nosotros.

Pero el documental hace algo todavía más interesante: poco a poco deja de mirar únicamente a Liam y Noel y comienza a observar a quienes están frente a ellos. La cámara se gira hacia el público. Distintos países, edades y generaciones cantando las mismas canciones. Personas que crecieron con Oasis junto a otras que llegaron mucho después.

Entonces entendemos que esta historia ya no pertenece solamente a los Gallagher. También pertenece a quienes convirtieron esas canciones en parte de su propia vida.

Ahí, Don’t Look Back in Anger deja de ser únicamente un documental musical y se transforma en un retrato de memoria colectiva y pertenencia. Porque hay canciones que sobreviven a las peleas, a las separaciones e incluso al paso de las generaciones.

Y quizás eso explica por qué alguien que nunca fue especialmente fan de Oasis puede entrar a esta película desde afuera y terminar completamente involucrado.

Escuchas las canciones. Descubres otras facetas de la banda. Observas a las personas que construyeron una comunidad alrededor de ellas.

Y, casi sin darte cuenta, empiezas a entender por qué significan tanto.

Don’t Look Back in Anger es una celebración de Oasis, por supuesto.

Pero también es una oda a quienes estuvieron ahí, a quienes llegaron después y a quienes recién están descubriendo la banda.

Ya está en cines.