Volvió el cable.
Esa es la sensación que nos dejó The End of Oak Street, dirigida por David Robert Mitchell y producida por J.J. Abrams.
¿A qué nos referimos? A esas películas tremendamente entretenidas que nos devuelven a una época en que bastaba hacer zapping un domingo por la mañana, encontrar algo que nos atrapara y dejarlo puesto mientras comíamos algo rico después de una semana larga.
Sin algoritmos. Sin pensar demasiado qué ver. Sin necesidad de convertir cada película en un acontecimiento.
Solo quedarse ahí.
The End of Oak Street nos lleva a 1982 y a la vida de los Platt, una familia que ya atraviesa sus propios conflictos cuando un extraño acontecimiento transforma por completo la normalidad de su barrio. De pronto, los problemas familiares tendrán que compartir espacio con unos viejos conocidos del cine: los dinosaurios.
Y ahí está parte de su encanto.
La película construye una América suburbana reconocible: casas ordenadas, vecinos que se conocen, jardines impecables y el chisme de la semana circulando por el barrio. Pero hay algo extraño debajo de esa aparente normalidad. Una versión de los años ochenta casi demasiado perfecta, que por momentos recuerda esa idea de Estados Unidos idealizado y artificial que Fallout juega a deformar desde los años cincuenta.
Todo parece estar en su sitio.
Hasta que deja de estarlo.
Mitchell combina esa extrañeza con humor, aventura y una puesta en escena que tiene bastante más personalidad de la que uno podría esperar de una película de dinosaurios.
Parte importante está en el trabajo de Michael Gioulakis, director de fotografía y colaborador de Mitchell desde It Follows y posteriormente Under the Silver Lake.
Hay rostros que la cámara decide sostener, composiciones muy cuidadas y contrastes que, por momentos, incluso pueden hacer pensar en cierta tradición cinematográfica más clásica —Bergman incluido— antes de que aparezca nuevamente un dinosaurio y nos recuerde exactamente qué película vinimos a ver.
Ese contraste le sienta bien.
Porque The End of Oak Street no necesita elegir entre ser divertida o extraña. Puede ser cómica, incómoda, absurda y sorprendentemente elegante al mismo tiempo.
Y quizás por eso funciona tan bien la sensación con la que comenzamos.
Una película para reír, incomodarse, sorprenderse y simplemente pasarlo bien.
Porque no todas las películas tienen que cambiarnos la vida.
Algunas simplemente nos recuerdan lo bien que se siente detenerla por un rato.
El Final de la Calle Oak se estrena el 13 de agosto de 2026 en salas de todo Chile solo en cines e IMAX®.
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